El sábado pasado en la madrugada, 3 chavos murieron a causa de un choque, 1 quedó lesionado y al parecer sin lesiones muy graves, lean la nota aqu×>
http://www.laopcion.com.mx/noticia.asp?NewsID=24288
Hay un viejo poema que es un recordatorio para los chavos que empiezan a conducir un vehÃculo.
Mi papá me mostro este poema desde antes que empezara a conducir, tal vez para que tomara consciencia de los que podÃa pasarme si no tenÃa cuidado.
Obviamente no hice caso, tuve 3 accidentes que gracias a Dios no hubo consecuencias más que materiales, ninguno de mis amigos salieron lesionados ni Yo mismo.
Cuando somos jóvenes no hacemos caso, nos sentimos poderosos, inmortales, sentimos que no nos puede pasar nada grave, oh triste equivocación, varios amigos murieron, o quedaron con lesiones que los marcaron de por vida.
Pero aún asà de que sabemos lo que nos puede pasar viendo noticias y sabiendo por terceras personas, al tocar el volante de un auto no hacemos caso.
Aquà les dejo el poema, y mas abajo está el audio, supuestamente con Paco Stanley, pero no reconocà la voz.
“El dÃa de mi muerte, fue tan común como cualquier dÃa de mis estudios escolares.
Hubiera sido mejor que me hubiera regresado como siempre en el autobús, pero me molestaba el tiempo que tardaba en llegar a casa.
Recuerdo la mentira que le conté a mamá,para que me prestara su automóvil;
entre los muchos ruegos y suplicas, dije que todos mis amigos manejaban y que considerarÃa como un favor especial si me lo prestaba.
Cuando sonó la campana de las 2:30 de la tarde para salir de clases, tiré los libros al pupitre porque estarÃa libre hasta el otro dÃa a la 8:40 de la mañana;
corrà eufórico al estacionamiento a recoger el auto, pensando sólo en que iba a manejarlo a su antojo.
¿Cómo sucedió el accidente? Esto no importa.
Iba corriendo con exceso de velocidad, me sentÃa libre y gozoso, disfrutando el correr del auto.
Lo último que recuerdo es que rebasé a una anciana, pues me desesperó su forma tan lenta de manejar.
Oà el ensordecedor ruido del choque y sentà un tremendo sacudimiento…
Volaron fierros y pedazos de vidrio por todas partes;
sentÃa que mi cuerpo se volteaba al revés y escuché mi propio grito.
De repente desperté.
Todo estaba muy quieto y un policÃa estaba parado junto a mÃ.
También vi a un doctor. Mi cuerpo estaba destrozado y ensangrentado, con pedazos de vidrio encajados por todas partes.
Cosa rara, no sentÃa ningún dolor.
¡Hey! No me cubran la cabeza con esa sábana.
¡No estoy muerto, sólo tengo 17 años!
Además tengo una cita en la noche.
TodavÃa tengo que crecer y gozar de una vida encantadora…
¡No puedo estar muerto!
Después me metieron a una gaveta.
Mis padres tuvieron que identificarme.
Lo que más me apenaba es que me vieran asÅ.Hecho añicos.
Me impresionaron los ojos de me mamá,
cuando tuvo que enfrentarse a la más terrible experiencia de su vida.
Papá envejeció de repente cuando le dijo al encargado del anfiteatro:
“SÃ… este es mi hijo”.
El funeral fue una experiencia macabra.
Vi a todos mis parientes y amigos acercarse al ataud.
Pasaron uno a uno con los ojos entristecidos;
algunos de mis amigos lloraban, otros me tocaban las manos y sollozaban al alejarse.
¡Por favor, alguien que me despierte!
Sáquenme de aquÃ, no aguanto ver inconsolables a papá y a mamá.
La aflicción de mis abuelos, apenas les permite andar…
mis hermanas y hermanos parecen muñecos de trapo.
Pareciera que todos estuvieran en trance.
Nadie quiere creerlo, ni yo mismo.
¡Por favor, no me pongan en la fosa!
Te prometo Dios mÃo, que si me das otra oportunidad seré el más cuidadoso del mundo al manejar.
Sólo quiero una oportunidad más.
Por favor, Dios MÃo…Recuerda que…¡Sólo tengo 17 años!”



Marzo 24th, 2008 en 10:19 am
Excelente poema para los chavos que empiezan a manejar